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¿Podemos carecer de voluntad?

¿Podemos carecer de voluntad?

La voluntad podemos entenderla como un grupo de funciones o como una capacidad. La misma nos permite hacer y de un modo u otro precede a la acción; podemos encontrarla manifestándose básicamente de forma espontánea o meditada.

Dentro de la filosofía la voluntad siempre ha sido motivo de debate, principalmente porque algunos entienden que se contrapone al concepto de libre albedrío y claro, muchas veces está asociada a obligaciones, las cuales debemos atender a ellas con cierto grado de voluntad.
La voluntad encontramos involucrada de una forma u otra en cada momento de nuestras vidas, bien por carecer de ella o por hacer gala de la misma.

Cualquier tarea a la que nos enfrentemos, tanto a gusto como a disgusto, la voluntad interviene.

No son pocas las veces que somos conscientes de la necesidad de hacer una cosa y no podemos llevarla a la práctica, es cuando notamos la falta de ella y, por más que entendamos necesario hacerlo, no lo logramos.

Ahora bien, ¿podemos realmente carecer de voluntad? Pues no, en realidad sucede, cuando notamos la falta de ella, que hay un deseo más fuerte interviniendo en contra, precisamente, de lo que entendemos debemos hacer.

Lo primero es realmente atender desde nuestras necesidades, marcar lugares a dónde queremos llegar y estructurar en torno los beneficios posibles que obtendremos.

Desde el primer análisis podemos comenzar a distinguir ciertos elementos que eventualmente pueden surgir; intereses encontrados los cuales están en conflicto; valorar en términos dicotómicos; la falta de motivación o bien miedos que pueden actuar negativamente. Así podemos seguir, sumando una lista de muchos factores, los cuales debemos analizar uno a uno y tratarlos en consecuencia.

Una vez tomada la decisión por considerar oportuno realizar la tarea, procede entrar en acción sin dilación alguna, muchos logran elaborar una teoría estupenda y no llegan a concretar por, precisamente, demorar la acción o encontrar dificultades en orientar sus fuerzas hacia ella.

Lo anteriormente mencionado bien se puede aplicar a situaciones cotidianas y aparentemente simples, hasta algunas que pueden condicionar y llegar a resultar determinantes en nuestras vidas.

Desde organizar y limpiar nuestras casa, hasta tomar la decisión sobre nuestros estudios eligiendo la carrera a seguir; todo es conveniente de analizar e incluso si tenemos la voluntad de hacerlo.

Por mucha voluntad que podamos tener y el entrar en acción no signifique una dificultad, nunca está de más el profundizar sobre nuestras verdaderas necesidades y deseos. Para seguir una carrera, no basta con tener condiciones intelectuales y la voluntad de estar varios años estudiando, es menester que sea de nuestro agrado y disfrutemos del proceso.

Entra en dicha instancia la perseverancia, transformándose ésta en esfuerzo y constancia para lograr nuestros objetivos; como factor clave y otro elemento a tener en cuenta son nuestras verdaderas posibilidades. Voluntad y deseo nada pueden hacer contra las dificultades convertidas en problemas al combinarse con nuestras limitaciones. 

Algo que suelo definir de forma simple y vulgar como la diferencia entre los sueños y las fantasías; lo cual no significa no tener los primeros, simplemente aplicar un grado mínimo de sensatez.

Hay muchos elementos que dependiendo de cada individuo pueden también actuar en contra de la voluntad, son los aspectos básicos de nuestra personalidad; la forma de ver y entender el mundo basado en nuestro modelo del mismo; nuestra experiencia y la forma en que fuimos condicionados a lo largo de cada etapa de nuestras vidas, y muchos otros que pueden eventualmente definirse como negativos.

La voluntad como hemos visto depende en grado sumo de deseo y el mismo se atiende desde nuestras necesidades; atender a ellas, entrar en acción y, de presentarse dificultades, buscar en la motivación el resorte que nos empuje hacia nuestros logros.

Independientemente de que los alcancemos, cuando menos estaremos alimentando nuestra experiencia y enriqueciéndonos, sin dejar de lado la perseverancia, porque nada es casualidad y las causalidades son las que en definitiva determinan en uno u otro sentido nuestras vidas.

Author: Daniel Costa Lerena

Psicólogo Clínico, Master en Coaching y NLP-DBM. Webmaster y Blogger.

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