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Muere Osama Bin Laden.

Muere Osama Bin Laden.

¿Muerto Bin Laden se acabó la rabia?

Osama Bin Laden ha muerto, un símbolo del terrorismo islámico y una espina muy incómoda para el gobierno de los EE.UU. Algunos celebran e incluso festejan, ahora, ¿qué hay que celebrar? ¿el asesinato de un líder terrorista y la desaparición de su cuerpo?

Honestamente hubiera preferido que fuera detenido y expuesto ante la justicia competente, lo considero más propio de seres humanos que se amparan bajo los derechos constitucionales establecidos. La forma de terminar con Osama Bin Laden es propio de bárbaros aunque claro, al fin y al cabo el gobierno de los EE.UU instruye a sus ejércitos en técnicas de invasión, tortura y asesinato.

Los cascos azules no rinden tantos dividendos lógicamente aunque, si generan mucho dinero, todo hay que decirlo. A los ejércitos los considero el símbolo vivo de la barbarie y la intolerancia humana, modelo de destrucción masiva acuñado desde siglos y por los siglos. Amén.

La capacidad operativa de Al Qaeda dudo mucho se sienta disminuida, al contrario, no olvidemos los lazos con Hezbollah y otros colegas de causa. Si evitaron publicar fotos oficiales del cuerpo sin vida de Osama Bin Laden es precisamente por miedo y sospecho bien fundado aunque, con o sin foto nos harán sentir la respuesta con el tradicional estilo, un baño de sangre.

Juraron venganza y la tendremos, porque toda acción provoca una reacción, principio básico que encontramos en la tapa del libro y al parecer nos olvidamos frecuentemente. EE.UU y asociados, lista en la cual se encuentra lamentablemente España, pagó con sangre la sangre que derramaron, no es una frase de poesía negra, es la pura verdad.

El odio engendra odio y la violencia violencia; cuando nos damos de frente contra extremistas de una doctrina religiosa más vale que nos pillen confesados.

La fotografía falsa de Osama Bin Laden muerto es surrealista. Claro, hay que dar la dosis de morbo necesaria a la audiencia. Luego de ver el ahorcamiento de Sadam Hussein resultaba demasiado inoportuno el no mostrar sangre.

No sería extraño que si se votara el volver a implementar la guillotina como método de ejecución los resultados a favor resultaran abrumadores. Al parecer durante el tiempo de investigación para dar con Osama Bin Laden el gobierno de los EE.UU siguió su estrategia de torturas.

En Guantánamo sabrán los dioses que habrán hecho con los detenidos, ilegalmente por cierto, para sacarles información. Sus estrategias no son nuevas, en Latinoamérica tuvieron oportunidad de perfeccionar el arte de la tortura e incluso transmitir sus conocimientos a los participantes de las diferentes dictaduras.

Nadie podrá poner en tela de juicio la generosidad de los EE.UU a la hora de compartir conocimiento y experiencias profesionales. Ahora, el punto que comentan de haberlo tirado al mar es al viejo estilo, claro, como hacían los militares de algunas dictaduras de Latinoamérica, me refiero a los conocidos vuelos de la muerte, en los cuales literalmente arrojaban en medio del océano a los presuntos sediciosos, los cuales claro hoy día serían etiquetados de terroristas aunque, todo hay que decirlo, en aquellos años y por aquellas tierras se acuñaba el término “terrorismo de estado” para definir las ideas contrarias a las dictaduras militares.

Dentro del tradicional estilo de EE.UU nos encontramos nuevamente saltarse todas las reglas establecidas por los países, presuntamente civilizados, que se amparan bajo el manto de la ONU, eso sí, ahora liderados por un Premio Nobel de la Paz.

Para varios países del mundo, especialmente EE.UU e Israel, la ONU les sirve cuando les conviene, por regla siempre se saltan las resoluciones y hacen los que les place, siempre atendiendo a sus intereses particulares y con unas excusas que admiten cabida de forma alguna.

Últimamente otro Estado se salta los vetos intencionales, al Vaticano me refiero, que tuvieron la gentileza de invitar al genocida Robert Mugabe a la beatificación del ex líder de la organización, Juan Pablo II.

No me cansaré de repetir una y otra vez, cuando colocamos por encima de una Constitución el libro de cabecera de una organización religiosa, mal asunto. Pero todavía peor es cuando un gobierno juega con sus propias reglas al margen de las establecidas por la comunidad internacional.

Fuente:  nytimes.com

Author: Daniel Costa Lerena

Psicólogo Clínico, Master en Coaching y NLP-DBM. Webmaster y Blogger.

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