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No soy un móvil-dependiente: 1 año sin teléfono móvil.

No soy un móvil-dependiente: 1 año sin teléfono móvil.

Mi experiencia llegó a su fin, pasé un año sin teléfono móvil! 

El 31 de octubre terminó mi experimento personal. Hace seis meses escribí un artículo a modo de introducción y las conclusiones finales del año que estuve sin utilizar el teléfono móvil; esperé algo más de un mes para escribirlas, sobre todo para experimentar y analizar el proceso de mi relación con él luego de tanto tiempo.

Vale decir que nunca fui un móvil-dependiente, simplemente comencé mi experimento un poco por curiosidad y otro poco por comprobar hasta dónde era capaz de adaptarme a vivir si el teléfono móvil. Los seres humanos utilizamos estrategias de forma consciente o inconsciente, no solo para adaptarnos a nuestro entorno, también para solventar satisfactoriamente nuestras necesidades.

Al no contar con el teléfono móvil como herramienta, me vi obligado a buscar formas de comunicarme diferentes. Internet se convirtió en mi herramienta principal; utilizando el correo electrónico, las redes sociales y principalmente Skype como sistema de vídeo conferencia.
Skype permite, entre otras cosas, el llamar a teléfonos fijos y móviles de todo el mundo, con lo cual al momento de realizar una llamada de teléfono no tuve inconvenientes, salvo el de tener una conexión de internet claro está. Incluso sus tarifas son bastante menores en relación a las de las operadoras de telefonía móvil convencionales.
 
Oovoo, sistema de videoconferencia similar a Skype, permite enviar un enlace a través del correo electrónico y así, simplemente haciendo click en él, nuestro receptor de forma automática nos enviá una llamada, sin necesidad de tener el programa instalado en su ordenador. Claro está, deberá cuando menos contar con un micrófono para poder hablar y si nuestro destinatario cuenta con una cámara web podremos utilizar todos los recursos de Oovoo.
 
Ciertamente a nivel personal no fue tan complicado como a nivel profesional el solventar satisfactoriamente mis necesidades de comunicación. Primero porque resulta cuando menos extraño que hoy día una persona no tenga teléfono móvil, con lo cual a más de uno debí explicar que estaba realizando un experimento personal y aclarando que no soy un móvil-dependiente ni mucho menos.
 
El balance final de mi experiencia fue altamente positiva, no tuve inconvenientes mayores para poder comunicarme por vías alternativas y desde luego no sufrí trastornos de ningún tipo; experiencia radicalmente diferente a quien sí es un móvil-dependiente y sufre diferentes cuadros de ansiedad por la falta de su teléfono móvil; incluso algunos llegando a presentar cuadros de nomofobia, miedo irracional a no tener el teléfono móvil encima.
 
Para retomar el uso del teléfono móvil simplemente encendí mi viejo terminal, porque hoy día un teléfono con más de seis meses lo consideran viejo y el que utilizo tiene varios años. Comencé a utilizarlo como siempre lo hice, para enviar y recibir llamadas, mensajes sms ocasionales y claro, el sistema de navegación GPS, el cual por cierto debí actualizar.
 
La realidad en nuestras sociedades es bien distinta, hoy día prácticamente cualquier adolescente ni logra imaginar su vida sin un teléfono móvil. En mi generación desde luego que ninguno teníamos uno y logramos desarrollarnos e interactuar socialmente sin dificultad alguna. Eran otras épocas, yo no soy de los que mantiene que “todo tiempo pasado fue mejor”, aunque me doy cuenta de que eran tiempos muy diferentes a los de ahora y sobre todo a nivel tecnológico (por fortuna en dicha área hemos evolucionado de forma exponencial en relación a tiempos anteriores!).
 
Incluso en algunas sociedad más desfavorecidas desde lo económico, el teléfono móvil es un símbolo de prestigio social, con lo cual la franja etárea en dónde se sitúa el móvil-dependiente es mayor. En las otras, las desarrolladas, el perfil del móvil-dependiente también trasciende a los adolescentes; individuos con carencias en cuanto sus habilidades sociales o serias dificultades para establecer relaciones interpersonales saludables, se combinan con las carencias emocionales y una baja inteligencia afectiva.
 
El teléfono móvil para muchos padres es un objeto de control o cuando menos de estar tranquilos y poder rápidamente comunicarse con sus hijos, a éstos últimos, precisamente, no les causa ninguna gracia el comunicarse con sus progenitores, todo lo contrario.
Un factor más que interesante a tener en cuenta por los padres al momento de facilitar a sus hijos un teléfono móvil es enseñarles ciertas pautas para que se relacionen con él de forma satisfactoria para no terminar siendo, precisamente, un móvil-dependiente.
 
El tiempo de uso del teléfono móvil aumentó de forma considerable en los últimos años a causa de las posibilidades que éstos ofrecen. Los recursos que presentan son muy diferentes para el uso que fueron concebidos originalmente; el enviar y recibir llamadas o mensajes de texto parece que hasta fuera lo de menos para muchos usuarios.
Sacar fotos, grabar vídeo, leer ebooks, hacer notas de texto o de voz, utilizarlo como navegador GPS, y claro, navegar por internet son solo algunas de las posibilidades que ofrecen hoy día los teléfonos móviles.
 
Ciertamente, si antes de llevar a cabo mi experimento de estar un año sin teléfono móvil, lejos estaba de ser un móvil-dependiente, ahora más lejos estoy aún de llegar a serlo algún día.

Author: Daniel Costa Lerena

Psicólogo Clínico, Master en Coaching y NLP-DBM. Webmaster y Blogger.

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